Del maestro Carlos Illescas para Xilote

 

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Carlos Illescas* 1918-1998

Foto tomada de: www.infobiografias.com

 Estimados amigos, reciban como siempre mi cordial saludo y la disculpa por no poder asistir al acto de presentación de la Revista Xilote, a la cual le auguro muchos años.

Y al agradecerles haberme elegido participante, junto con un escogido número de colegas, para dar mayor significación al hecho natal de venir al mundo una publicación joven, múltiple y sobre todo viendo hacia una realidad que en muchos aspectos ha dejado de sernos propicia.

Xavier Gaytán por cuyo conducto recibí la invitación de ustedes, me pidió que yo, en lo posible, dijera ante ustedes cómo fueron mis años de juventud (física, se entiende) durante los que me inicié de lleno a la noble carrera de las letras, como recordarán las llama Don quijote.

Con mucho gusto les diré cuanto recuerdo de un hecho que se produjo en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, en un país, Guatemala, que, por aquellas fechas, era uno de los infiernos más y mejor caracterizados por las dictaduras cerriles, imbéciles, caníbales. En aquella atmósfera de persecución, fusilamientos públicos, persecuciones sistemáticas, un conjunto de muchachos fundamos lo que hoy se conoce por Revista de la Generación del ´40. los participantes animadores fueron Otto Raúl González, Augusto Monterroso, Raúl Leiva y otros escritores. En su seno había, también, músicos y artistas plásticos que posteriormente serían de renombre.  

Como pueden suponerlo, la revista fue recibida con curiosidad sobre todo por la generación que nos precedió, llamada Generación del ´30 (Grupo Tepeu). En ella militaban algunos escritores talentosos, pero roídos o por el alcoholismo llevado al delirium tremens, o acariciado por lo que Antonio Gramsci ha llamado organicismo. pocos, entre ellos, escapan a una de estas dos coyundas y por lo tanto eran para nosotros, en su totalidad, mirados con malos ojos y sobre todo como blanco a nuestros ataques que Raúl Leiva, el campeón de la Vanguardia en Guatemala, y Augusto Monterroso, cuya sabiduría se dejó sentir desde temprano, hacían afectivos en la medida que lo permitían las autoridades pues permanecían con las orejas abiertas con objeto de si habría o no una conjura comunista.

Pocos autores de renombre nos tendieron la mano, entre ellos destaco a César Brañas, excelente poeta, polígrafo de larga fama, y, asimismo, al maestro Muñoz Meany, quién además era un teórico en cuestiones políticas, connotado enemigo del ubiquismo y esforzado hombre de actividades universitarias.

Lo importante de esto, y creo que lo será para ustedes, es que mi grupo pudo suplir la ausencia de los estudios universitarios (San Carlos, así se llamaba la universidad, sólo especializada en tecnocratas y uno que otro licenciado ajeno a la universidad ajeno a la literatura). Leíamos como condenados. todo lo que caía en nuestras manos era devorado. Mas debo reconocer que la censura impedía la entrada de libros “subversivos” (así entre comillas) y por  tanto nuestra visión no era completa. Pero de tarde en tarde se colaban textos explosivos que nos servían para normar una conducta que andando  el tiempo haría de nosotros militantes de la acción revolucionaria, situados en la primera línea de fuego. En efecto, la Revista de la Generación reducida a asuntos literarios exclusivamente, se abrió a corrientes nuevas en poesía sobre todo: Pablo Neruda, Rafael Alberti, Langston Hugges, Vladimir Mayakovsky, List Arzubide y otros hombres que hacían de la poesía barrera contra  lo estudiado del ambiente y esperanza para los espíritus que esperaban un mundo mejor.

En estos andares se produjo la caída de Jorge Ubico Castañeda**, y entonces fue cuando la Generación del ´40 proliferó como grupo de vanguardia de verdad. Su obra fue más y mejor coordinada por la fuerza de la creación y siempre con la mira puesta en lograr cambios de fondo.

Pero se imaginen que todo era grilla política, también sabíamos divertirnos. Conocedores de las andanzas de los poetas románticos de fines de un siglo y principios del otro, armábamos cada jaleo que era para pararle los pelos a la gente pudibunda. Bebíamos como locos, hasta quedar pa´el arrastre y al día siguiente con unas “gomas” (crudas) que nos poníamos a las puertas del dispensario antialocoholico nacional, en donde siempre se obtenía una copa con dos miras: una para curar los padecimientos inmediatos y otra para bien morir. Y no exagero, en Guatemala la dictadura redujo a mucha gente productiva a dipsómano consuetudinario (con suéter ordinario), en grados que espantan, todos los intelectuales morían de cirrosis o en medio de las visiones que produce el delirium tremens.

Muchos de nosotros escapamos a este destino porque creíamos que nuestros textos valían algo, que teníamos que aprender mucho a fin de que lo salido de nuestra mano ocupara la cima de la creación literaria,  lo quisiera quien lo quisiera y no lo quisiera quien no lo quisiera. ¡ A huevo, pues! pero eso si leyendo, luchando, estudiando idiomas, metiéndonos en la filosofía, en particular el marxismo, militando con riesgo del pellejo, porque, porque las autoridades que siguieron a Ubico resultaron peor que este. A veces para ejemplificar nos prendía la policía y en las delegaciones nos daban de palos con mucha saña; en seguida nos encerraban durante tiempo indefinido, a no ser que algo milagroso, por llamarlo así, no ocurriera. Y este momento providencial se presentó cuando las fuerzas y el pueblo se alzaron contra la dictadura, apoyada por los yankis, la burguesía podrida, cafetalera, y por los cobardes. Las armas del pueblo (como suena  a demagogia todo esto, Dios mío), triunfaron,  [entonces] nos dedicamos a construir una organización política de izquierda que previera el futuro de Guatemala.

La felicidad nos duró poco. En 1954, diez años después, la reacción internacional armó el brazo de los mercenarios y estos nos dieron en la torre. Guatemala cayó en sus manos. Nos hallaron impreparados, eso si con muchos discursos socialistas muy bonitos, pero sólo eso. Lo demás era silencio.

Por exigencias de mi partido permanecí en México ( y aquí he permanecido desde hace cuarenta y tantos años corridos). En total en México vivo desde 1944, es decir desde hace más de cincuenta años. estas cifras  indican al ser citadas, que ya no soy el muchacho de 1944 en Guatemala, el que participó en activo  en la Revolución de Octubre***, sino otro. Otro que se siente todavía superior a aquel muchacho baboso. Ahora sé que es pasar hambres…

Nota: El texto nos llegó incompletó, el maestro Illescas ya estaba muy enfermo y poco tiempo después falleció…

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* Carlos Illescas Hernández fue un poeta, ensayista y guionista guatemalteco nacid o en 1918 y muerto en la Ciudad de México en1998. Exiliado en México como resultado de las circunstancias políticas en su país de origen el año de 1954. Regresó a su país natal un año antes de morir, en 1997, sólo para recibir el reconocimiento de Guatemala por medio de la Orden Miguel Ángel Asturias que le fue entregada por el entonces presidente Álvaro Arzú. En México recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1983, por su poemario Usted es la culpable.1

En el país de su adopción, México, trabajó muchos años en Radio Universidad, como jefe de producción de la radiodifusora propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que tuvo un desempeño muy destacado. También fue docente en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM. Trabajó asimismo como consejero y agregado de prensa de la Embajada de Guatemala en México.1

**Jorge Ubico Castañeda (Ciudad de Guatemala10 de noviembre de 1878 – Nueva OrleansEstados Unidos14 de junio de 1946), fue un dictador militar guatemalteco. Presidente de Guatemala de 1931 a 1944. Sostuvo su mandato por el apoyo incondicional que le brindó el pueblo de Guatemala en virtud de que cuando asumió el cargo el país venia de una época de caos político y social, así como grave aumento de delincuencia, problemas estos que controló totalmente dentro de su primer año de gobierno. Es ampliamente conocido por haber sido el último gobernante “liberal “autoritario en América Latina.

***La Revolución de 1944 fue un movimiento cívico-militar ocurrido en Guatemala el día 20 de octubre de 1944, encabezado por militares, estudiantes y trabajadores, que derrocó al gobierno de facto del General Federico Ponce Vaides, dio lugar a las primeras elecciones libres en ese país, e inauguró un período de diez años de modernización del Estado en beneficio de las mayorías de clase trabajadora. La historiografía posterior ha denominado a dicho período como los “Diez años de primavera” o la “Edad de oro” de Guatemala, y actualmente el día 20 de octubre es una fiesta nacional en ese país, conmemorada como el Día de la Revolución de 1944.

Acerca de Xilote

Xilote es una palabra de orígen nahuatl que significa cabello de maíz, es la flor de la mazorca, también es un grupo cultural y una revista de literatura, arte y música andina. La Finalidad del grupo es la difusión de la cultura latinoamericana, así como el trabajo propio y el de nuestros colaboradores.
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