Trastorno bipolar / cuento de Adán Echeverría

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Adán Echeverría

Trastorno bipolar

Adán Echeverría

Nací en 1987. Soy el hijo sobreviviente del matrimonio de mi madre con un maestro de preparatoria que le llevaba apenas cuarenta años. Mi padre había nacido en 1924, y mi amada mamacita en el fatídico año de 1964, año en que el presidente Lyndon Johnson firmara la ley de Derechos Civiles, en que naciera la afamada banda de rock progresivo Pink Floyd, y justo cuando nuestro Gustavo Díaz Ordaz ganara las elecciones presidenciales de México.

Tuve dos hermanos, mi hermana nació en 1983, cuatro años antes que yo; y mi hermano en 1986, pero murió al día de nacido. Mi hermana en cambio murió justo el año que perdí a mi padre, en el 2011. En el 2007 logré, a duras penas, graduarme de bachiller, en una escuela particular, afiliada a la Universidad donde mi padre trabajara por tantos años. Sé que es irónico que yo no haya tenido la suficiente capacidad intelectual para poder entrar a la preparatoria de la Universidad donde mi padre laborara por más de 30 años, pero nunca tuve la oportunidad. Mi padre jamás me perdonó esa inconstancia que desde muy pequeño manifesté. Quizá fue que por culpa de mi madre, quien a pesar de tenerme a mí, jamás se recuperó de la pérdida de mi hermano que muriera al día siguiente de haber nacido. Los doctores y enfermeras no hicieron bien su trabajo.

Mi madre a pesar de que en poquísimas ocasiones logré observar, tras mucho rato mirándola con gran detenimiento, en sus pocos ratos de raciocinio, alguna manifestación de afecto hacia mí persona, su alcoholismo y adicción al tabaco tras la pérdida de su segundo hijo, la predispuso a mantenerme distante, a excluirme por completo de sus cuidados, razón a la que atribuyo esa inconstancia que mi padre años después me reclamara. De esta forma, fui rechazado desde muy pequeño, por ambos padres. Si a eso le sumamos que tengo dos hermanastras del primer matrimonio de mi padre, que incluso son 20 años mayores que mi propia madre; lograron que mi vida estuviera rodeada de una soledad que solamente los juegos con mi hermana podían brindarle algo de cariño.

Mi padre, siempre tan dicharachero para perseguir a sus alumnas de la preparatoria. Sus años de coscolino, no solo arruinaron el carácter de su primera esposa, de la que enviudaría por la iglesia católica en el año 2005; pero de quien tuvo que divorciarse por lo civil al término de la década de los setenta; ese mismo carácter por el que se le conociera como “el acosador de alumnas” fue el que le hiciera conseguirse a mi madre ahí por los años de 1980; mi madre entonces una chamacona de 16, mientras que mi padre tenía ya 56 años, y su hija menor, la tía Gina, contaba ya con 35 años.

Su enredo amoroso, que por toda la sociedad universitaria y la sociedad de clase media alta a la que pertenecía mi madre por el renombre de su apellido que desde hace muchos años ha estado asociado a un grupo de poder en mi ciudad, hizo que fuera visto como “estupro”. El escándalo amargó mucho a la madre de mis hermanas mayores, y a ellas también, que siempre nos trataron con desdén a mi madre, mi hermana y a mí. Pero la familia de mi madre zanjó el tema, obligando a mi padre a preservar el honor de mis abuelos, casándose a los 56 años con una chamaquita de apenas 16. En 1982 nació mi hermana mayor, luego en el 86 mi hermano y al final en 1987 yo. Mi madre contaba apenas con 23 años, y había tenía tres hijos, uno de los cuales había fallecido al día de nacido, un esposo que era más parecido a su abuelo, que la había engatuzado siendo ella una mocosa que poco sabía de la vida, y no había tenido siquiera la oportunidad de disfrutarla; además tenía que soportar el rencor de la primera esposa de mi padre y sus hijas que siempre la miraban mal y que se la comían en la sociedad en que solía desenvolverse, y la reticencia de su propia familia para “aceptar a regañadientes”, este matrimonio que no era más que una mal montada farsa. Era lógico que se refugiara en los barbitúricos y en el alcohol. Que nos llenara la casa de gatos y orina de gatos, y que no sintiera mucho afecto por los dos hijos que le sobrevivieron. Ella se fue perdiendo mentalmente, y mi padre fue entrando en su etapa senil, e improductiva, viviendo de las glorias adquiridas de los logros de sus hermanos, uno que fuera incluso cúspide de la universidad y quien le consiguiera la plaza que por tantos años cuidó en la preparatoria.

Mi padre, ah, mi padre, aún me emociona saber cómo se quiso poner a la altura de sus dos hermanos y se puso a cortar y pegar ciertos pasajes de libros de filosofía para armarse uno propio, firmarlo, y hacer –con el poder que su hermano le brindaba como cúspide universitaria- que fuera el libro de texto obligado de los estudiantes de prepa. Eso fue así durante muchas generaciones de preparatorianos, hasta que aquel contador público llegara a la rectoría, y entonces todo cambiara. Tiraron el libro de mi padre a la basura para poner como libro obligatorio aquel de Ramón Xirau. Un acierto, dicen muchos. Mi padre sintió doblegar su espíritu, al final era lo único bueno que le había dado a la vida.

Es por eso que cuando el mismo año 2011 me quedé sin padre y sin hermana, de un solo golpe, y al ver saturada mi casa de gatos, y apestando a orines todos los días, decidí comenzar a honrar la memoria de mi padre, del apellido que llevo, y la sangre que aún me queda y corre por mis venas. Lo primero que hice fue enviar a mi madre al hospital siquiátrico. Luego buscar la validación de mis dos apellidos, escribiendo en blogs los cuadros genealógicos de mis familiares, para demostrar que quieran o no, mis apellidos me unen a mucha gente que ha formado parte de la historia de esta tierra. Y así, poco a poco ir acercándome mediante el uso de mi filiación familiar, a manera de carta de presentación, a las instituciones académicas y de gobierno para poder conseguir apoyos económicos.

Mi madre se había vuelto un estorbo, pero saber que el apellido que me había heredado recubría mi ser de esa confortable sombra de periodismo en su propia esencia, me hizo validarlo. Decidí que mi convertiría en periodista independiente. La verdad es que siempre quise ser parte de algún medio, de los importantes, que me brindarán la oportunidad de tener un sueldo con el cual vivir. La herencia, que mi padre le había arrancado a la familia de mi madre, más lo que él mismo logró construir por medio del apoyo de sus hermanos y su apellido (ahora mi apellido), me permitió comenzar desde cero, pero no duraría siempre, menos si mi madre se lo gastaba en drogas y alcohol.

Así logré meterme en todos los espacios de política, sociedad, cultura, para poder reportear y subir mis notas y opiniones a cuanta plataforma me lo permitiera, y con el paso de los meses, decidí que lo mejor sería invertir un poco y presentar mi propio espacio periodístico que me brindara la libertad para expresarme sin que nadie osara nuevamente a querer callarme. Mi padre siempre me calló la boca a bofetones, mi madre en su abandono desde la cuna me hizo introvertido, mi hermana con sus propias tragedias comenzó a olvidarse de mí, mis hermanastras apenas me toleran hasta hoy (una de ellas murió hace ya algunos años), por encargo de mi viejo. Así he ido heredando desprecios, pero me he quitado a familiares incómodos del camino, y me he vuelto yo mismo el personaje incómodo que intenta escribir su propia historia.

Todo iba bien, hasta que del hospital siquiátrico donde había recluido a mi madre me enviaron un citatorio, porque el comportamiento de mi madre, junto con otro enfermo mental que ahí había recluido se les había salido de control.

Tuve que reconocer, que mi madre se había vuelto ya más que un estorbo. Su alcoholismo, su trastorno bipolar me han sacado completamente de mis casillas. ¿Cómo podía yo poner en su lugar a la sociedad de este pueblo en el que vivo si tengo que cargar con la sombra de la enfermedad mental de mi madre a cuestas?

Al presentarme a las oficinas del hospital siquiátrico, conocí a la hija del hombre con quien mi madre se revolcaba. Una doctorcita, metida a cristiana, con un historial de abusos físicos de parte de su padre, a quien habían recluido igual en el siquiátrico por abusar violentamente de ella y de su madre. Vaya pareja que éramos al encontrarnos en casos similares que se habían unido por las ardientes pasiones de nuestros padres. Ella queriendo desde hace mucho zafarse del padre, y yo queriendo que mi madre me dejara al fin en paz. El flechazo fue inmediato.

Pero la maldita doctorcita no fue del mismo ideal, y con el paso de las semanas se convirtió en una enemiga más. Me demandó por acoso, y la fiscalía general me puso una restricción para acercarme a 100 metros de donde ella se encontrará. Seguí llamándola y entonces puso otra denuncia en mi contra por acoso telefónico. ¿Acaso por ser mujer es incapaz de entender que solo quiero el bienestar de ella, y alejarla de su padre, tal como yo siempre he querido alejarme de mi madre? El daño que nos han hecho a los dos, no pareció suficiente para que ella viera, al igual que yo, la oportunidad de unir nuestros destinos. Y todas las historias que alguna vez le contara sobre las otras mujeres que intentaron rechazarme y a las que tomé a la fuerza, ahora las usa en mi contra, para levantar cargos falsos que buscan desacreditar mi honor; acusándome en las redes sociales de que he violado e intentado violar a varias mujeres. La verdad es que nadie me ha conocido una pareja estable, y no es porque no tenga la capacidad para tenerla, sino porque creo en el amor íntegro, de dos personas que se conocen en igualdad de circunstancias. Pero la doctorcita cristiana no lo entendió, y decidió incluso irse a vivir a otro estado, demandándome por acoso. Como si los 20 mensajes que le enviaba todos los días por el teléfono móvil, fueran razón suficiente para su postura.

Es igual que todos mis enemigos. También ella, como todos los demás, quiere callarme. Pero soy un periodista independiente al que nadie podrá detener, que siempre dirá lo que piensa, y que jamás se disculpará por sus actos.

Si logro sacarle dinero al Ayuntamiento, ha sido por mi constante entrega, disciplina y profesionalismo; ya no al calor de mi apellido solamente, sino a las horas de dedicación y constancia y valor para decir lo que los demás temen decir; a las denuncias que hago contra todo lo que está mal.

Mis enemigos han crecido, dentro de los partidos políticos, dentro de los propios medios de comunicación, desde todas las trincheras vienen los ataques, y me miro en el espejo, y veo el rostro de mi padre, su vejez beoda que siempre fue su signo; y entonces recuerdo a mi madre y la culpo de todo lo que me ha pasado. Del estado en que hoy se encuentra mi nombre en boca de todos.

Mi madre y todas las mujeres que me han rechazado. No sé que le vio aquel alcohólico padre de “mi doctorcita”; no sé qué cosa pudo verle mi propio padre, a no ser solo el tono de sus muslos y su carne de dieciséis años; quizá fue la herencia que sabía que alguna vez podría tener a su disposición. Jamás me condolerá el falso sufrimiento de mi madre. Ya no estoy para ponerme a reflexionar si alguna vez me quiso o no. Yo estoy seguro de que en lo que le quede de vida, la mantendré encerrada en ese hospital siquiátrico, y poco a poco iré borrando su rostro de mis recuerdos.

 

FIN

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La poética del grito

Adán Echeverría

Algunos aullidos luego de Ginsberg y Maldoror

En el principio todo era el grito, y para poder entenderse se convirtió en palabra. Sobre esa palabra, que llamamos lenguaje, surge la comunicación apropiando la naturaleza como símbolo. La poesía es oralidad. De ahí el equívoco del término Poesía Sonora, al performance donde algunos gruñen como cerdos, pían como aves, y desde la guturalidad tienen pretensiones de ser los poetas que se creen percibir.

La invención de la imprenta es uno de esos pequeños momentos de la historia cuando se dió por terminada la Edad Media, validemos su momento histórico; y si fue con la caída de Constantinopla, con el descubrimiento de América, que se logró trazar una nueva época para el ser humano, y salir del oscurantismo, tendremos que seguir en aquella búsqueda de los nuevos signos, para estos nuevos mundos que somos al abrir cada libro, al leer cada obra. La invención del internet, tiene el mismo valor humano que la invención de la imprenta, pero no la sustituye, sino la renueva. De esta forma, la oralidad de toda poesía fue grabada en hojas de papel mediante los tipos arreglados en las planchas de la imprenta, y la reproducción de las ideas se hizo mayor. La internet sigue validando este romanticismo y lo reafirma en su propósito, la comunicación de idas. Pero suma a ello, la vos y el video, devolviendo la sonoridad a los poemas, la voz y la oralidad a la poesía y los poetas.

Por eso mismo, claro que en su “perfomance” pueden gruñir como cerdos y crear alguna estética, hacer los sonidos que deseen, pero “Eso no puede ser llamado Poesía Sonora”. Sonidos y Ruidos, claro que los hay, y pueden incluso hallar y mostrar un ritmo (aún el más arrítmico), y establecer algún sentido, pero el acto de arrastrar los fonemas y reconstruirlos mediante la audición, debe ser nombrado “como algo diferente”. No tengo yo el nombre, pero los invito a ser creativos y bautizar sus intenciones audibles, pero no llamándola Poesía Sonora, porque toda la Poesía, al ser Oralidad, es una Poesía Sonora.

 

En la tradición un canon

Para poder entender La poética del grito, y establecernos sobre ella, primero habrá que mirar la tradición. Tal como decía Giambatista Vico, pasamos de la Edad Teológica (Biblia, Corán, Mitologías China, Hindú, Griega, Romana, Egipcia, Celta, Popol Vuh), a la Edad de los Héroes (semidioses y héroes y heroínas de las mismas obras citadas, más el Poema de Gilgamesh, las hazañas de los jueces, profetas, los reyes Saúl, David y Salomón, así como La Ilíada, La Eneida), a la Edad Humana (desde La Odisea, a las rebeldías que se narran en Las mil y una noches, El Decamerón, Los cuentos de Canterbury, para llegar a la obra de Cervantes, Shakespeare, Moliere, Goethe), ya que en esta época, comenzamos con El Romanticismo a sentirnos humanos, demasiado humanos, habría que decir con Nietzche, y reconocer con la filosofía y el arte, esa Muerte de Dios, que no es otra cosa que el desmarcarnos de la Institución fundada en aquellos apóstoles cristianos, en sus festejados Corruptores, desde Pablo hasta Benedicto XVI (y ya miraremos lo que nos deja Francisco, para los siguientes años).

El arte por el arte dicen al leer la obra de Oscar Wilde excepto su De profundis donde el autor plantea todo su sentimiento ante la censura de una sociedad que lo arroja a la prisión. La poesía ha muerto, y no en plena era socialista, sino mucho antes, desde aquella obra de Stirner El único y su propiedad. Y así, cuando llegamos a Bertold Brecht, lo escuchamos gritar: La poesía no se vende / porque ya nadie quiere comprarla. Avanzamos las hojas del tiempo y nos apuntamos ya con Heberto Padilla, para terminar cumpliendo aquel oráculo de: ¡Al poeta, despídanlo! Ese, ese no tiene aquí nada que hacer. Hay que sacar al Aguafiestas. Porque desde aquellos días con la fundación de La república, Platón nos quiso enseñar el por qué habría que expulsar a los poetas, para lograr una sociedad más clara, fundada en la economía racionalistas y no en un mundo cargado de ideales.

Pero los poetas vuelven, y la Palabra que es toda forma de comunicación, sigue ahí, entre sus dientes, siendo masticada. Y esa es la poesía. Mírenlo bien, aquel masticar y masticar el lenguaje, para comunicar las ideas en pleno escupitajo. Es en este acto dónde tenemos que detenernos; mirarnos, desde cada átomo, cada cabello, cada célula, toda gracia inundada en nuestros defectos, cada acto de egoísmo y de soberbia en que nos hemos sobrevivido. Hasta acá hemos llegado cuajados en la Época del Caos, que esperemos se prolongue, para no volver cíclicamente a otra Edad Teológica, como nos lo han querido hacer creer los fatalistas.

Porqué todo lenguaje no es más que una convención de aquellos símbolos, el cómo traducimos los sentidos, para darnos representatividad, como comunidad, pueblo, e historia. Desde ahí hemos perseguido la tradición, para conocerla, romperla, deformarla y transformarla. Esa es la cresta de la ola. Esa Cultura perseguida siempre del proceso Contra cultural. Y debemos saber situarnos en el reconocimiento de ser los perseguidos, para detenernos y enfrentar a los que nos persiguen, saber analizarlos, y ser perseguidores. Así miramos hoy la poesía, persigue la tradición, pero no niega a los que la persiguen para romperla. Para cada grupo que se asienta en una época, hay un grupo que sale a desafiarlo, para el Romanticismo, surge el Modernismo, que es enfrentado, en nuestro México por el grupo de Los Contemporáneos; para negarlos surge Octavio Paz, el más joven que ingresara de la mano de Carlos Pellicer, y que terminara negándolos; para negar a Paz surgen los Infrarrealistas, y en medio de esa batalla, dejamos escuchar la voz de aquellos Estridentistas, agrupados por Manuel Maples Arce que nos dice: Yo soy un punto muerto, en medio de la hora. ¿Cuál es aquella hora, en la que el hablante lírico de Maples Arce, se sitúa? La hora de la revolución poética.

Abigael Bohórquez terminará diciendo con su Manifiesto Poetico: Mientras no tenga el lápiz / curvaturas de hoz para segar el trigo, / rumor de cascos para horadar la mina, / devoción de machetes para abrir carreteras / no me sirve.

Ya no estoy para rosas. / Si vienen a saber si estoy en casa / que no estoy para nadie; / mucho menos para esos menesteres / de cantar a la boca, a la libélula, / al sol, a la oropéndola, a unos ojos remando.

Mientras no tenga el lápiz / sonido de martillos levantando edificios / cantos de obrero en marcha,/ ímpetu de azadón, / pico y máquina de coser, / mientras no venga mi lápiz / a decir las verdades del hombre, / mientras venga a decirme solamente / de un agónico tacto,/ no me sirve.

Ha de cantarse, esto es lo que se debe / señoritos poetas / de intocables perfiles y cafés literarios / al hombre por el hacha, / al hombre por el túnel, / al hombre por la huelga, / por la turbina, / por la válvula, / por el soplete, / por el tractor y el émbolo, / ha de cantarse al hombre por la ordeña,/ por la siega, / por los claros oficios, / por la cabalgadura,/ por el fierro de herrar, / por el volante / y el verano sudado / y la axila perpetua/ el muslo ejidatario / y el ombligo minero.

Puede el hombre, si quiere, / con terquedad de péndulos / llegar hasta los huecos de un cuarto amanecido, / son saliva y cigarros / romperse una quijada, / puede hacer lo que guste;

Yo canto al zapatero, / al leñador, / al paria, / al hombre estrictamente situado en sus bolsillos, / (…)

Canto al hombre del mundo, / por el dedo en las llagas de su estatua, / de su hambre y de su hombría; / si no tiene mi verso / sonido de martillos levantando edificios, / cantos de obrero en marcha, / ímpetu de azadón, / pico y máquina de coser, / si no viene mi verso / a decir las verdades del hombre / no me sirve. / Eso es todo.

Porque es la vida misma la que nos impulsa, porque nos hemos descubierto afuera ya de la Caverna, y hemos estudiado las estrellas, las profundidades del mar y de la tierra, y hemos sondeado, desde el psicoanálisis y con la psiquiatría, los recovecos de la mente humana, las funciones del cerebro, y sabemos de la Esquizofrenia, y del Trastorno de Déficit de Atención, como del Trastorno de Personalidad, y la Bipolaridad, y hoy nos anunciamos: Hola, soy paciente psiquiátrico, y merezco tu respeto. Hola, soy homosexual y también tengo derechos, No me llames indio, no me llames Puta, no me digas Zorra, no me digas que todo hombre debe mantener a su mujer, que es su obligación, no me digas Los niños no lloran. Ya no me calles diciendo: Calladito te ves más bonito, porque ha llegado la hora del Carbunclo y el Chancro, y de las demostraciones, Ceremoniosas de Romper con los Pudores, y mirar en el Otro, aquel Contrato Social descrito por Rousseau: Para no terminar como las bestias de la naturaleza, donde sobrevive el más fuerte, el más rápido, hemos firmado esta convención, de pertenencia social. Nos respetamos. ¿Cuándo inventaron pues la moral, la censura?

Y como todo poema es una manifestación estética del lenguaje, y el lenguaje la herramienta de comunicación de las sociedades, todo poema es social, y es con el mismo poema con quien debemos y podemos afianzarnos, para Respetarnos en el Respeto por el Otro, en medir los límites de Uno Mismo, en el Inicio del Otro. Esa es entonces La poética del Grito. Una forma de hablar en la poesía de nuestras dolencias, nuestros miedos, y nuestros desenfrenos, sabiendo y reconociéndonos como El Otro. Seamos el Otro. Somos El Otro. El Otro que soy para los demás. Vencer el Ego, desterrar al Super Ego, y reconocer la calidez del Otro que somos para ellos, la agonía del Otro que soy para los demás. Porque somos El otro de cada ser que está a nuestro lado, y nos rodea, nos abre camino, nos deja pasar, nos detiene, nos empuja, nos escupe, nos canta y nos celebra, como Whitman, más allá de Whitman: Yo me celebro y me canto, Yo soy el Único, y soy diferente a ti, Soy tú Otro, Soy el Otro, Mi Propio Otro, que poco a poco habré de ir descubriendo. Y así poder reconocernos, y como el Otro que somos, ganar en la diversidad.

No hay que mirarnos a nosotros mismos para mirar luego al Otro en aquellos –canallada soberbia. Sino saber y reconocer que nosotros somos El otro de los que nos rodean. Y como ese Otro que somos debemos hablar, comunicarnos, exigir el respeto, en ese beneficio. Mirar nuestras profundidades, que nos hacen tan diversos y tan mutables. Somos únicos, diferentes. Individuales y plenos. Sabemos y reconocemos que no es la Familia el núcleo de la sociedad (payasadas cristianas), que nos quieren seguir contando Los Necios, sin mirar el fracaso y la desesperación de aquellos muchos que siguen rechazando por ser diferentes, por ser individuos que no encajan en sus montados teatros sociales. Cada Individuo es el núcleo de una sociedad, es el átomo que cohesiona, mediante los dos tipos de enlaces que nos ha entregado la Química. Enlaces iónicos que son tan volubles, y como enlaces covalentes difíciles de romper, que se brindan el uno al otro la energía vital del reconocimiento. He ahí la poesía de nuestros tiempos, he acá La poética del grito, desde la cual podemos escuchar la voz del poeta español Miguel D’Ors, en su Camino de Imperfección decir: Joven, / yo era un vanidoso inaguantable. / “Esto va mal”, me dijo un día el espejo. / “Tienes que corregirte”. / Al cabo de unas semanas era menos vanidoso. / Unos meses después ya no era vanidoso. / Al año siguiente era un hombre modesto. / Muy modesto. / Modestísimo. / Uno de los hombres más modestos que he conocido. / Más modesto que cualquiera de ustedes. / O sea / un vanidoso inaguantable / viejo.

La poesía que ha desbaratado el silencio, y que se ha vuelto grito inmodulado, grito creciente, grito incómodo que surca los espacios, hasta encontrar receptor y atravesarlo. ¡Cuántas veces nos hablaron de las grandes civilizaciones!, y ahora reconozcamos al tiempo histórico que todo lo sepulta debajo de los polvos, cuyos granos no dejan de viajar de un lado a otro en esta esfera. A qué seguir esperando, si tenemos ante los ojos la Maravilla del lenguaje que salta desde un ordenador, y nos arroja las mil posibilidades para dejar de ser Callados, para dejar de Ser las Víctimas, para dejar de ser La Queja, y ser la Voz, comenzar a ser Aquel que puede hablar, Aquel que tiene las posibilidades de la Reflexión. En una sociedad (en toda sociedad) que tiene que evolucionar, y continuar su evolución, somos el átomo, somos los individuos que la conforman y la habitan, debemos perseguir la búsqueda del Otro que somos muy dentro de nosotros, para sabernos, por demostración interior, que somos capaces de Recibir aquello que pedimos para el Otro.

En una sociedad que cada día se aísla, seremos la posibilidad de la reunión. El reconocimiento del Individuo como núcleo social, nos sitúa ahí a todos: sin importar el género, la religión, la diversidad sexual, política, alimentaria y económica. Dejar de decir: Si haces eso estás mal, Si comes aquello estás mal, Si dices que no lo hagan también estás mal. Y comenzar a pensar en lo propio, los que yo hago, si yo escucho, si yo que Soy Tratado como El Otro de los demás, puedo mirar solo mi alrededor, y entonces será lo mío aquello que joda no joda a los demás.

La Poética del Grito que se aplica en todos nuestros actos. Ese gesto que no necesita de dioses, ya muertos desde el siglo XIX, pero sí necesita de la Espiritualidad, y la reclama, aquella espiritualidad que es la búsqueda de todo conocimiento, todo respeto de creencias, toda diversidad de cultos que no harían otra cosa que reconocernos similares, mínimos reconocedores de aquello que Nos Es Desconocido, y que nos haga alcanzar aquellos conceptos que podemos llamar el Amor, la Esperanza, alguna Fe cualquiera, en la que podemos sentarnos el uno frente al otro y exponer nuestros miedos, temores, logros y justicias, unos enfrente de nosotros como en Toda Reunión de Autoayuda y decirnos: ¡Hola!, me llamo Adán, y soy poeta. Y es bajo aquel polvo cotidiano en el que los años transcurrieron, transcurren y seguirán ocurriendo, bañados de sangre, de espada, de hoguera, de alimentos genéticamente modificados, de estrés, de vacunas que pueden hacernos daño, de sexos y perversiones, de arrestos y libertades condicionales, donde tendremos que seguir habitando con los sicópatas, y con los moralistas, y con aquellos que sufren la persecución de creer que son Libres, que como tantas cosas que podemos reconocer en las múltiples sociedades humanas seguirán haciéndonos daño. ¿Acaso no sabemos que el Hombre, el Ser Humano, es una maravilla para la adaptación, y la sobrevivencia? Y que al final logrará adaptarse a cualquier barbarie, para sobrevivir.

La poética del grito está en la modernidad, en el ser modernos, en el reconocernos parte de este siglo XXI, y nos sitúa en el raciocinio espiritual que nos brinda todo lenguaje, cómo dice el poeta Ángel González en su poema Luz llamada día trece.

A cada cosa por su solo nombre.

Pan significa pan; amor, espanto;

madera, eso; primavera, llanto;

el cielo, nada; la verdad, el hombre.

Llamemos luz al día, aunque se asombre

quien dice “Es martes hoy, ayer fue santo

Tomás, mañana será fiesta”. ¡Cuánto

más verdadera que cualquier pronombre

es esa luz que cuaja el aire en día!

Hoy es la luz llamada día trece

de materia de mayo y sol, digamos.

Y si hablamos de mí -puesto que hablamos,

de algo hay que hablar-, digamos todavía:

pasión fatal que como un árbol crece.

 

No somos el árbol, sino las ramas del árbol, el fruto del árbol, la raíz, el tallo y las hojas del árbol. Porque somos la fundación del todo, la célula totipotencial que puede mutar o puede especializarse, y ser función, ser objetivo, ser necesidad en este sistema de procesos y procedimientos que nos entrega hoy el universo social en que nos desempeñamos. Porque como dice el poema Oda a los nuevos bardos, -también de Ángel González-, necesaria es lanzar a la basura aquellos arquetipos del poeta que solo busca en el presupuesto la función de pertenencia a una tradición que pretende ser impuesta en la beca, el premio y la edición, y deja claro lo que he decidido llamar La poética del grito:

Mucho les importa la poesía.

Hablan constantemente de la poesía,

y se prueban metáforas como putas sostenes

ante el oval espejo de las oes pulidas

que la admiración abre en las bocas afines.

Aman la intimidad, sus interioridades

les producen orgasmos repentinos:

entreabren las sedas de su escote,

desatan cintas, desanudan lazos,

y misteriosamente,

con señas enigmáticas que el azar mitifica,

llaman a sus adeptos:

-Mira, mira…

Detrás de las cortinas,

en el lujo en penumbra de los viejos salones

que los brocados doran con resplandor oscuro,

sus adiposidades brillan pálidamente

un instante glorioso.

Eso les basta.

Otras tardes de otoño reconstruyen

el esplendor de un tiempo desahuciado

por deudas impagables, perdido en la ruleta

de un lejano Casino junto a un lago

por el que se deslizan cisnes, cisnes

cuyo perfil

-anotan sonrientes- susurra,

intermitente, eses silentes:

aliterada letra herida,

casi exhalada

-puesto que surgida

de la aterida pulcritud del ala en

un S. O. S. que resbala

y que un peligro inadvertido evoca.

¡Y el cisne-cero-cisne que equivoca

al agua antes tranquila y ya alarmada,

era tan sólo nada-cisne-nada!

 

Concluir

La poética del grito, entonces, para que podamos entendernos, en este comentario final, nos sitúa en el Ahora. En esta posibilidad de mirar, desde la multiplicidad de plataformas, los recovecos de la historia de la humanidad, y sus sociedades, dramas, y batallas, como grandes descubrimientos (el canon y la tradición de querer y saber leer). Y es en este ahora, en dónde tenemos que Gritar el reclamo de Estar Vivos, de saber que Lo estamos, más allá de las revoluciones, las guerras, los dramas existenciales, Existimos. Y somos, Individuos, que le damos cohesión a las sociedades del Hoy. Dejemos atrás el drama del Yo, y busquemos al Otro que somos en Nosotros mismos, El otro que somos para los demás, porque lo somos. Y que sea nuestro hablar, nuestro poema, nuestro Yo hablante, aquel que sirva de ejemplo a nuestra propia vida, representada en el Caos que provoca nuestra existencia en los demás. Gritemos en el Poema, nuestra propia Gloria, nuestra Propia Ruina. Gritemos por la salvación; Gritemos nuestra asexualidad; miremos nuestros cromosomas y no nuestros genitales; leamos nuestras feromonas y no las gastadas censuras; Gritemos por nuestra oscuridad. Por nuestra alegría y nuestro lamento. Ya no basta el canto, lo que nos queda es el Grito, y el Grito surcará las avenidas, la selva, las montañas, los océanos. Vayamos a por él.

 

Pienso para mis propios ojos

para la cuenca de mis ojos

para el leopardo en que nos hemos dividido las manchas

porque esta tarde estoy sentado en la oficina

y allá afuera van buscando por las calles a todos los poetas

y ella me lo ha dicho

lo ha publicado encima de los postes

lo va cantando

de qué nos sirven los poetas si permanecen tristes

si van por la vida con el pene para fuera

la vagina limpia limpio el rostro el pene para fuera

La fruta que todos queremos ahogar en el mercurio

y cómo sube el mercurio mientras las bolsas caen

Ahí los van buscando Ellos nos buscan

Nos persiguen por los pasadizos debajo de las calles

dentro de los postes y entre los conciertos

En los cafés nos van buscando

y somos la luz dentro del charco

Somos el mesero que no tiene conciencia

Ese que mete los dedos en el vaso de whisky

El que salpica al servirnos vino

Ese mesero que no se tienta para ignorar a los clientes

que se limpia los cubiertos en el mandil

y te saca la lengua en el aparador

Soy esa flor

la niña de piernas abiertas

y el dedo que la recorre con saliva

Acá estamos en la arena detenidos

y van pasando los aviones

con sus fugas de petróleo

Sólo somos máscaras

y el rímel

se nos va corriendo sobre el pecho


Dos poemas de Adán Echeverría

 

Alter ereré

Escribiré para mi

algo que contenga mis propios símbolos

dioses en los cuadernos

y para las noches tormentas

porque las tormentas son como gatos sarnosos

tan llenos de amor por las palomas

palomas negras palomas moradas palomas anaranjadas

que picotean los corazones de las medallitas milagrosas

y en ese mismo corazón me columpio como si fuera quinceañera

con los calzones en los tobillos

las piernas hacia arriba

tocando con la punta de los pies el infinito

o esa rama de árbol quebradizo

ese árbol que eres tú y todos los dioses

ese bosque bruma cansancio generacional

esas veladoras como el ojo del leopardo

acechante en el vidrio

el ojo de venado el ojo del sapo

el cáliz de mis propias circunvoluciones

las plumas el grito el jugo mágico de las margaritas

así se disparan los infantes por toda la ciudad

porque los niños de México son felices jugando a la metralla

corren por la playa desnudos

haciendo surcos con sus lustrosos penes

brillantes penes llenos de diamantes

niños abortados que se avientan desde catedral

hacia el palco de los gobernadores

y ahí están como fetos sonrientes y poderosos

mientras las niñas

con sus limpias vaginitas cantan el aleluya por las calles

trepadas en los edificios en las sirenas del carro patrulla

encimadas en los aparadores como flores anaranjadas negras diamantinas

ellas corren cojen y colorean

brincan bailan se esconden detrás de los colchones

con sus manitas malformadas

niños caníbales niñas flores hambrientas

porque las trompadas fueron hartas

como buena es la hierba de la reconciliación

y el universo placentario tan estrecho para esconderse

claro que sí

voy a escribirle un texto a esos niños

porque también fui una niña vestida de cenicienta

fui niña tierna cuando era niño

y el ropero no guardó jamás mi falda corta

ni mis ligueros cuando ya se me veía el bigote

ese bigote que picaba en las fronteras de la carne

 

la noche que maté a mi madre ella rezaba

como rezan las piadosas madres mexicanas

sus letanías a la virgen eran de un hartazgo inconfesable

una maldita rasquera un grito y a callar he dicho

¿para qué la pútrida esperanza?

por las techos aun sonaban las últimas canciones del bolero

que sobre el neón va en busca de un tacón torcido

un zapato desgastado para mis niños zapateros

incapaces de tener camisas propias con que arroparse

durante las tormentas

sueñan que vuelan como palomas negras rojas violetas

apretándose los cuerpos de niños vírgenes pasados de moda

para nacer de nuevo en el cuerpo de las niñas callejeras

que supieron abrir las piernas en el punto exacto de la noche

mis niños abandonados

los miro sonreír entre automóviles

bajo los puentes y en las alcantarillas

mientras corremos a esconder el rostro en nuestro traje sastre

guardados en el poema como si fuéramos distintos

y no la pura cobardía

las puntas del zapatito de la niña que se mece en el columpio

mostrando los calzones bajados hasta los tobillos

para que los varoncitos corran a masturbarse en el arroz con leche

de su posición social

 

mis símbolos queridos

mis amigos de aquelarre y pesadilla

yo los amo

porque habitan mis cuadernos las memorias

mi cráneo

porque en este camposanto los domingos vengo a orinarme de risa

hasta formar el arco iris final

donde los duendes me comerán el hígado

mientras me hacen millonario de sonrisas

 

cada quien su propio espíritu

lo diré claro

cuando venga el ornitorrinco que sostiene al mundo

el crucificado podrá abandonar al fin las leyendas

la danza de su milagrería esparcirá sus apagadas campanas

nos frotaremos los bigotes unos a otros

hasta descubrirnos niñas

que esperan en el rincón por sus propios violadores

y caminan los desiertos disfrutando la arena entre sus dedos

limpias ya de toda sarna

de toda mordida en los flácidos cuerpos

alegres y con el pelo limpio       olorosas a mango

goteando olvidados miedos a la oscuridad

en esa arena que            tú lo sabes

será acaso el verdadero dios

 

 

 

 

Cuarentayuno

No son los dulces y su caer de años

los días nublados o los jardines que apenas eran lo gris de pájaros ciegos

mi casa estaba en cercanas vías de tren

la abuela Paula y aquella tía Evelia de sueños retorcidos por la artritis

cuidaron mis pasos aquella infancia

Cuando mi madre me entregara la llave

tuvo que decirme: Sales de la escuela y te vienes derechito

Yo cargando las mochilas y la tristeza   La vegetación y las rieles

la carga de los trenes las semillas y tantos pájaros pizcando la miseria

los niños correteando las trompadas pegados en la espalda las malas maneras

de aquellos maestros:

no podían con nosotros

Mi abuela había sufrido un accidente y tenía rota la pierna

Yo era un infante y aquella bicicleta y aquel padre

con pocas palabras para sus hijos   Las eternas caminatas

cruzar las vías del tren   y los chicos de la primaria que se golpeaban

como en toda guerra todos los días     y las nenas que corrían a acusar

los besos de las compañeras

Estos mis puños de sangre   Estos mis dientes tan faltos de sinceridad

Te me vienes derechito   decía mi madre     y aquellas ancianas: la abuela Paula

luego la tía Evelia   apenas sacudiéndome la calma

Nos íbamos golpeando como la guerra y la paz

hasta la muerte de aquel perro   hasta la pérdida de aquellos niños

hasta la portezuela abierta de aquel Nissan caramelo y los tobillos de la nena

los calcetines claros como la luna     Por todos los caminos   la infancia era sobrevivirse

enseñarse a ser callado   a meterme a casa como a la madriguera

Te me vienes derechito si no quieres que…

Dejar las cosas en la sala e ir por la vecina para que sirviera la comida

Mis cinco años al inicio de la educación primaria y el examen de admisión

Es necesario   no tiene la edad y Aquella escuela tan grande para mis correrías de párvulo

y aquellas niñas que se reían de mi silencio.

La vecina calentaba la comida   mientras yo arreglaba mis cosas mis dientes mis puños

ella servía la comida caliente humareda y yo comía ahí   en silencio

todo aquel silencio que siempre rodeara mis pequeños primeros años

y las lecturas de los comics y aquella edición juvenil de la biblia cristiana

y las lecturas de todos los días de todas las horas

mientras mis hermanos se pegaban por los programas de la televisión

y los otros niños perseguían golondrinas alcanzaban con piedras a los gatos

hasta la mañana que llegó la tía Evelia la hermana de mi bis abuelo

la dos veces viuda   con la soledad y la fuerza grabadas en los párpados

en las arrugas que surcaban sus ojos yo notaba aquello de piraña

sus pómulos de salamandra y ese gran puerco en el carácter

que pendía con la sonrisa sobre el insulto nocturno del que no podía perderse

Era mi tía Evelia aquel escudo para un niño que comenzaba a creer en la vida

Y en la caricia del agua   En el viento que arranca las cabezas de los pájaros

cuando cierras los ojos cada noche tras la veladora y el rezo

en aquello de mágico que venía en cada versículo en cada historia que iba desojando

y la tía Evelia que me abrió el costado para que habitara

como una enorme gansa   bravía y cálida para el abrazo

de aquel infante que ahora era.

Tantos años ha de aquellos primeros encuentros con la tía

dejar de hablar a la vecina y adormilarse en las tantas historias contadas del almuerzo

Aquel niño que caminaba solo desde la primaria

aquellos pequeños golpeadores las trenzas de las niñas riendo riendo riendo siempre

y las persecuciones de la policía para el Nissan caramelo

la niña llorosa la giganta madre  el director del cole que no podía más respuestas

Ella está bien no le ha pasado nada

y aquella multitud

Mi tía Evelia hablando enojada

mi madre y su dulzura de águila real

que decidieron el cambio de casa

y el cambio de escuela

para ya no recordar

…………………………………………………………….

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011) En espera de la noche (2015); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

Dr. Adán Echeverría García.
Doctor en Ciencias Marinas
Posdoctoral Researcher
Instituto de Investigaciones Oceanológicas
de la Universidad Autónoma de Baja California
Ap Postal # 453, Km 107, Carret. Tijuana-Ensenada
Ensenada, Baja California
“La geoquímica orgánica es el área de la química relacionada
con el estudio de la materia orgánica presente en materiales
geológicos”
Tel Cel. 045 9997431334
Mis dos novelas:

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Acerca de Xilote

Xilote es una palabra de orígen nahuatl que significa cabello de maíz, es la flor de la mazorca, también es un grupo cultural y una revista de literatura, arte y música andina. La Finalidad del grupo es la difusión de la cultura latinoamericana, así como el trabajo propio y el de nuestros colaboradores.
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